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CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
de JESÚS y de MARÍA
Gobierno General de Hermanos y Hermanas, Roma

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Mártires españoles SSCC del s. XX

“Nadie tiene mayor amor que quien da su vida por el que ama” (Jn 15,13).

  El 18 de julio de 1936 se produce en España el alzamiento militar contra el gobierno de la segunda república, dando lugar a la guerra civil de 1936-1939.

  Durante este periodo la Congregación de los Sagrados Corazones tuvo catorce religiosos que dieron su vida, pero de tan sólo cinco de ellos se introdujo la causa de canonización. La razón estriba en que de los otros nueve no se conocen con exactitud los detalles y circunstancias de su muerte; sin embargo, para la Congregación de los Sagrados Corazones son tan mártires unos como otros.

   En la “Positio super martyrio”  (1) del P. Teófilo Fernández de Legaria Goñi y cuatro compañeros se lee:

“Durante este periodo de la guerra civil (española) la Congregación de los Sagrados Corazones tuvo 14 víctimas: cinco de la Comunidad de Madrid, tres de la de Barcelona, cinco de la de El Escorial y uno de la Comunidad de Torrelavega. Aquí sólo presentamos a cinco de ellos, de los cuales se ha logrado saber cómo habían sido asesinados. Del resto no se sabe con certeza dónde murieron o se sabe muy poco. De algunos sólo se tienen indicios y probabilidades. Tampoco se ha sabido dónde han sido sepultados. Aunque para la Congregación son tan mártires como los otros cinco que ahora se presentan a la autoridad eclesiástica para que les sea reconocido oficialmente el título y los honores de mártires de la fe. Los nombres de estos cinco son:

P. Teófilo Fernández de Legaria Goñi, fusilado el 11 de agosto de 1936;
P. Isidro Íñiguez de Ciriano, fusilado en la noche del 2 al 3 de octubre de 1936;
P. Gonzalo Barrón Nanclares, fusilado en la noche del 1 al 2 de septiembre de 1936;
P. Eladio López Ramos, fusilado en la noche del 8 al 9 de agosto de 1936;
y P. Mario Ros Ezcurra, fusilado en la noche del 14 al 15 de agosto de 1936 en Madrid”.

 

  El 27 de noviembre de 2010 fueron inhumados en la parroquia de los Sagrados Corazones de Madrid los restos de cinco religiosos de la Congregación de los Sagrados Corazones cuyo decreto de martirio fue aprobado por Benedicto XVI el 3 de julio de 2009.  Sus restos reposan precisamente en la capilla de san Damián de Molokai, el Mártir de la Caridad por la entrega de su vida al servicio de los más excluidos de la sociedad: los enfermos de lepra.

   Fueron beatificados el 13 de octubre de 2013, en Tarragona (España), junto a más de 500 mártires del mismo periodo.

“Que el espíritu heroico del Buen Padre, nuestro Fundador, lo heredemos sus hijos. Y si llegan días malos, estemos firmes en nuestra fe y decididos a trabajar por ella”.

  Con las palabras que anteceden, el P. Teófilo Fernández de Legaria, superior  y rector del Seminario Mayor de los Sagrados Corazones en El Escorial, quería transmitir ánimo y fortaleza a sus jóvenes religiosos estudiantes ante los días malos que se avecinaban. Era el preludio de la guerra civil española (1936-1939).

   Otro de nuestros mártires, el P. Gonzalo Barrón, afirmó con energía en el juicio:

“Declaro que soy sacerdote, que he ido en peregrinación al Cerro de los Ángeles y predicado muchísimas veces, porque ésta era mi misión”.

   Que el testimonio de nuestros hermanos mártires ayude a la Congregación de los Sagrados Corazones a vivir su vocación con gran fidelidad y a seguir testimoniando en el mundo el Amor del Corazón de Cristo Traspasado.

 

 

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(1) Positio super martyrio es la recopilación de datos y testimonios que avalan que un siervo de Dios murió por odio a la fe. Este documento es enviado a la Congregación para las Causas de los Santos de Roma.
 
 
 
Oración a los mártires 
 
Oh Dios, que eres Amor,
te damos gracias por nuestros mártires
Teófilo, Isidro, Gonzalo, Eladio y Mario.
 
Tú les llenaste
de un celo apasionado por anunciar tu Amor,
manifestado en el Corazón de tu Hijo Jesús
y en el Corazón de María,
su Madre y Madre nuestra.
 
Gracias porque les diste fortaleza tan grande
que les llevó a derramar su sangre
como testigos de tu Amor.
 
Te pedimos, por su intercesión,
nos concedas también a nosotros
contemplar, vivir, anunciar
y ser testigos de tu Amor.
 
Te lo pedimos por J.N.S. Amén.