"En Jesús encontramos todo"

CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
de JESÚS y de MARÍA
Gobiernos Generales de Hermanos y Hermanas, Roma

ESPAÑOL | ENGLISH | FRANÇAIS

Home / Noticias / Carta de la Superiora General

Carta de la Superiora General

Queridas hermanas,

        Seguimos, junto al mundo entero, en la lucha contra la pandemia del Covid-19 y sus consecuencias, solidarias de tanta gente, sufriendo con familiares, amigos, enfermos, desempleados… conocidos y desconocidos. Nuestro espíritu misionero nos impulsa a colaborar en lo que se pueda con las personas que tenemos cerca, y a presentarle diariamente al Señor en la adoración, esta difícil realidad.

        Este número de INFO lo hemos dedicado a compartir lo que estamos viviendo en cada Territorio durante la pandemia. Nos encontraremos con testimonios de acogida a familias sin casa, de ollas comunes y entrega de alimentos a los sin trabajo, de programas de formación para prevenir los contagios, de tiempos prolongados de presencia en la comunidad compartiendo la oración y las tareas domésticas… Y veremos, también, cómo en todas las hermanas que nos hablan de su experiencia, hay una buena dosis de esperanza.

        Estas páginas están llenas de confianza en que el futuro próximo será mejor. Leyendo lo que cada una escribe, dan ganas de repetir con Juan, que dejó su testimonio en el Apocalipsis, “vi un cielo nuevo y una tierra nueva” (Ap 21,1). Como si después de tanto sufrimiento, desolación y flagelo para muchos, nos atreviéramos a creer que los corazones terminarán transformados. Como si nos atreviéramos a creer que la vida no será igual que antes, porque esta experiencia mundial nos ha hecho tocar la vulnerabilidad humana, y la necesidad que tenemos de los demás. Porque viendo reaccionar al Planeta, nos atrevemos a creer que la Humanidad entera va a vivir un cambio en su relación con la tierra, con los animales, los bosques, el agua… Porque vimos gestos de heroísmo en enfermeras y médicos, acciones de ayuda y protección entre vecinos, invitaciones a la oración, llamados a la solidaridad… Nos atrevemos a creer que el mundo puede ser mejor después de este tiempo doloroso de la pandemia.

        Muchos autores han escrito sus reflexiones en este tiempo, ayudándonos a buscarle sentido a lo que nos pasa. Ello nos sirve para no caer en escepticismos que nos lleven a alejar al Señor de la realidad concreta, como si Él pudiera no estar presente en este momento de la historia. Si justamente la aflicción llama a la redención. Nosotras sabemos que, desde la Resurrección de Jesús, toda muerte tiene una vida nueva y todo sufrimiento, consolación… Allí está la raíz de nuestra esperanza.

        En los próximos días, vamos a celebrar la Ascensión del Señor y luego la fiesta de Pentecostés, momentos importantes de nuestra vida litúrgica, que nos ayudan a recordar que Jesús de Nazaret es el Cristo, que está vivo y que es Señor de la Historia. Nos hace bien, repetir aquellas frases que sabemos desde siempre pero que alimentan nuestra fe cuando las decimos. 

        ¿Que el virus no respeta a nadie? ¿Que el problema es de todos? Los fallecidos son de todas las edades, condiciones, países… es cierto. Sin embargo, esta pandemia está resaltando las desigualdades, y los graves problemas sociales que hay en el mundo y en cada país. Y como siempre, los más perjudicados son los pobres, con sus distintos rostros: migrantes, indocumentados, ancianos, los que tienen trabajos informales… El problema es de todos, pero no a todos nos toca de igual manera.

        Era conveniente que el Señor se fuera para que viniera su Espíritu, (Jn 16,7) nos dice la liturgia de estos días. Y desde entonces, el Espíritu de Jesús nos acompaña y nos inspira, nos mueve a la esperanza y nos impulsa a colaborar con Él en la tarea de fundar un mundo sin pandemias. Ni coronavirus, ni hambre, ni excluidos…

        Que el Espíritu Santo llene nuestros corazones.

           

Les abraza con cariño,

25/05/2020