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Celebrar la vida en la enfermedad en El Escorial (Hnos)

Han sido una veintena de hermanos de El Escorial, de Miranda, de Madrid, de Salamanca los que han recibido el sacramento de la unción de los enfermos en una celebración comunitaria alegre y esperanzada, sin misa. Alguno por quinta vez. Estaban invitados por lo menos los miembros de las comunidades cercanas y han acudido algunos de los residentes en las ciudades citadas. También las cuidadoras de los más enfermos.

Se ha desarrollado el sábado 19 de diciembre, víspera del 4º domingo de adviento, recién estrenado el Año Jubilar de la Misericordia, a la una de la tarde, en la capilla eucarística, bien caldeada, de la iglesia pública de nuestra casa de El Escorial. El día ha sido demasiado espléndido para el tiempo en el que estamos, a punto de comenzar el invierno. Había 14 grados centígrados (57,2 Fahrenheit) y la temperatura ha seguido subiendo a primeras horas de la tarde. Han presidido la asamblea, predominantemente presbiteral, el provincial Enrique Losada y el superior José Manuel Belza. Éste último había dispuesto los bancos en cuadrado, en torno a una pequeña mesa redonda adornada con mucho gusto y cargada de simbolismo.

Tras el canto de entrada de acción de gracias al Señor, se han proclamado hasta siete motivos por los que hemos de bendecirle. Y se han añadido otros libremente. Cuando se ha recordado que nuestra vida es un otoño de días marchitos y noches largas se ha colocado una ramita agostada dentro del hueco de un tocón seco de olmo. Al recordar que el Señor es la primavera que hace florecer nuestra esperanza, se ha introducido una rama verde y brillante de acebo.

 La liturgia de la Palabra se ha basado en Mc 2, 1-13. Han seguido una serie de preguntas que cada cual ha respondido libremente. Un tiempo de silencio y preparación, y la invocación al Espíritu Santo han comenzado la liturgia del sacramento propiamente dicha. Los celebrantes se han acercado a cada uno y le han ungido con óleo en la frente. En la fórmula faltaba la referencia al perdón de los pecados, ha precisado un teólogo posteriormente. Por fin la asamblea ha leído la oración del enfermo y Juan Antonio Lucas, soriano y amante de la poesía, ha recitado el precioso poema “A un olmo seco” del sevillano Antonio Machado. Todo ha concluido a eso de las 14 horas con el canto de adviento “La Virgen sueña caminos”.

Los enfermos han comido en su comedor habitual atendidos por las cuidadoras y los acompañantes, junto con los miembros de la comunidad, en el gran comedor de la residencia, sin clientes desde la víspera. Ha sido una celebración sentida y vivida. Todo un éxito. Deo gratias.

Carlos Barahona ss.cc

19/12/2015