"En Jesús encontramos todo"

CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
de JESÚS y de MARÍA
Gobiernos Generales de Hermanos y Hermanas, Roma

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Entrevista a Patricia Villarroel sscc, Superiora General

“El mejor aprendizaje es
saber cambiar con la realidad cambiante”

 

La vida religiosa siempre ha estado cambiando a lo largo de la historia, ¿qué ha cambiado y cómo en estos meses, sobre todo, en nuestra Congregación?

La vida religiosa (VR), y con ella la Congregación, ha sabido adaptarse a la situación. Creo que hemos podido darle sentido incluso al confina-miento. Hemos rezado más, hemos profundizado la vida fraterna, nos hemos preocupado más de las labores domésticas, y… por supuesto, hemos aprendido mucho sobre las nuevas tecnologías. Se han hecho una infinidad de reuniones por video-conferencias, se ha participado en charlas o conferencias virtuales, hay hermanas que empezaron cursos en línea, … Y los colegios han funcionado de manera virtual, lo que también ha significado cambios y aprendizaje para todos.

Hay hermanas que están presentes en las ollas comunes, otras, han acogido personas en las casas, o trabajan en la prevención, fabrican mascarillas para repartir, … La creatividad ha funcionado. En general, se han encontrado modos de seguir misionando, anunciando el evangelio y teniendo presencia y proximidad con la gente. El mejor aprendizaje es saber cambiar con la realidad cambiante.


Ahora se habla mucho de colaboración en todos los ámbitos, ¿la situación creada por la pandemia podría ser un tiempo propicio para la colaboración intercongregacional en asuntos concretos y entre las ramas de nuestra familia religiosa? ¿Cuáles podrían ser?

El trabajo en redes y la colaboración intercongregacional la venimos experimentando desde antes. Está desde hace un buen tiempo entre nuestros desafíos y novedades. Pero es cierto que la pandemia nos ha dado un empuje importante, sobre todo, porque mucha gente va asumiendo que nos necesitamos unos a otros. Que los grandes problemas de la humanidad no los pueden solucionar individuos solos, ni grupos aislados, ni siquiera un país o un continente. La globalización nos une en lo bueno y en lo malo, y la pandemia nos lo ha recordado. Yo creo que va creciendo esa conciencia.

Nosotras ya tenemos experiencias comunitarias y misioneras intercongregacionales, proyectos sociales asumidos con otras entidades o instituciones… No podríamos negar, hoy día, la necesidad que tenemos de laicas y laicos en nuestras reflexiones, la riqueza que nos proporciona pensar, planificar y actuar con ellas y ellos… Si incluso, a veces, hay laicos que nos enseñan a rezar… En nuestras obras propias el trabajo con laicas y laicos es cada vez de mayor colaboración. Yo estoy segura que hoy día no podríamos pensar en proyectos nuevos sin la colaboración de otros.


Independientemente del momento que vivimos, ¿cómo se puede vivir y cumplir el aspecto de denuncia profética?

Es un tema complejo. Sin duda que la VR tiene una dimensión profética importante. Pero la profecía es un punto de llegada, no de partida. La profecía es consecuencia de la fidelidad al Espíritu, de la audacia misionera, de la entrega generosa, de la creatividad en el anuncio del amor de Dios. Una vida así, habla por sí misma, y esa es la mejor denuncia. Vivir auténticamente el Evangelio es denunciar el individualismo, las desigualdades, la discriminación, porque el seguimiento de Jesús nos lleva necesariamente hacia los más postergados, nos acerca al sufrimiento de la gente, y nos pone en el camino de los profetas.

Acaba de fallecer en Brasil Dom Pedro Casaldáliga. Él vivió a fondo la dimensión profética de la VR, y ciertamente ese era el resultado de su compromiso evangélico, de su amor a Jesús en sus hermanos más pobres. Su vida de pastor fue una denuncia, una lucha por la justicia, por la causa de los pobres, de los indígenas. Él fue un profeta porque supo ponerse donde debía estar. Y nos deja un hermoso testimonio.


Parece que el Papa tiene muy en cuenta a la Unión de Superioras Generales a la hora de que la presencia de las mujeres sea más visible y más importante en la Iglesia. ¿Te imaginas alguna hoja de ruta en este camino?

Es claro que se están marcando pasos. El mismo Papa Francisco está dando señales nítidas que se reproducen en ciertas Iglesias particulares. El cambio cultural que se va produciendo en la sociedad, va teniendo repercusiones en la Iglesia. Lamentablemente la Iglesia no es pionera en esto. Sus cambios son lentos, pero son irreversibles. Yo creo, por ejemplo, que si los laicos salieron de la sacristía ya no hay vuelta atrás. Y la participación de la mujer la están empujando muchas laicas y laicos. Hay caminos que son largos, pero si estamos en la dirección correcta, poco a poco las cosas se van poniendo en su lugar.


Ha habido un Sínodo para la Amazonía. Las hermanas estáis dando ya una respuesta directa a la necesidad de presencia de vida religiosa en esa zona. Cuéntanos alguna experiencia reseñable.

Nosotras tenemos presencia en la Amazonía desde hace tiempo. La misión de Aguarico en Ecuador, está en la región amazónica, y allí hay, desde hace varios años, una comunidad que colabora con el Vicariato en la evangelización y el acompañamiento de las comunidades cristianas y desarrollan algunos proyectos de promoción humana.

Este año se visibilizó más el problema de la Amazonía. Se formó una comunidad intercongregacional en la región amazónica peruana y nuestra hermana Alicia Mamani se inscribió desde el principio. Las noticias que nos llegan de primera fuente es que las cosas son muy duras. Que la pandemia llegó con fuerza y que no han llegado ni los medios ni los recursos necesarios. Hay 4 hermanas de distintas congregaciones, enviadas por la Conferencia de Religiosos de Perú, que están viviendo entre las comunidades indígenas, compartiendo la vida con ellos. Llevan todavía poco tiempo, pero es una experiencia interesante, novedosa y que está en la línea de lo que hay que hacer hoy día.


¿Qué prioridades del Plan Apostólico de vuestro último Capítulo General ves más realizadas y cuáles necesitarán un mayor impulso?

Depende de los lugares y de la historia de nuestras presencias en cada país. ¡Nuestra realidad es tan diversa! Me parece que estamos avanzando en conciencia ecológica, en apoyo a las mujeres y en sensibilidad con los migrantes. Son problemas que se han ido visibilizando y ante los cuales estamos tratando de responder. Es verdad que la pandemia nos ha cambiado los escenarios, pero cuando más problemas hay en el mundo, más necesaria se hace la presencia de la VR. Yo espero que seguiremos avanzando en nuestro Plan Apostólico. 


El Covid-19 nos ha afectado a toda la Congregación, hermanas, hermanos, laicos, familiares y tantas personas cercanas. En pocos días se fue la hermana Mª Olga Mardones en Chile y ha dejado una gran huella. ¿Cómo ha sido vivir el acoger y acompañar estas muertes?

Muy doloroso. Es de las cosas que cuesta creer… Uno siempre tiende a pensar que no le va a tocar de cerca, pero cuando se muere tanta gente, es difícil que no haya algunas personas cercanas o conocidas. Además de las hermanas y hermanos, seguimos sabiendo de familiares, de personas de los colegios, o las parroquias, …  que se contagian e incluso fallecen.

Lo de María Olga fue un golpe muy duro. Ella era un gran pilar para las hermanas en Chile. Una mujer que a su edad seguía muy presente, muy actual, muy activa, …  y cuando se cae un pilar, el edificio se tambalea… A mí me ha hecho mucho pensar sobre los pilares. Yo me pregunto, a veces, si las hermanas mayores saben de verdad lo importantes que son para la Congregación. Yo trato siempre de decírselo con fuerza, porque me parece que ellas creen que, porque están disminuidas, porque ya no tienen grandes responsabilidades, no son muy importantes. Si incluso cuando están postradas, o enfermas, cuando se olvidan las cosas, tienen un valor inapreciable porque sin ellas no existimos las demás. Por eso tenerlas, ocuparnos de ellas, quererlas, nos hace bien. Nos da firmeza.

Era difícil que no nos tocara en nada, cuando las cosas han sido tan graves. Ello nos ha hecho vivir solidariamente con tanta gente…


Patricia, después de dos años como Superiora General, ¿podrías compartirnos algunos de tus sueños? Envía un mensaje de esperanza a nuestra familia SSCC.

Sueño con una Iglesia que se levanta renovada de la crisis por la que está pasando…Una Iglesia servidora, humilde, … más pequeña…

Sueño con una VR que vive entre la gente y habla de Jesús con su testimonio de acogida, de amor y solidaridad.

Sueño con comunidades SSCC sencillas, alegres, fraternas; con hermanas/os creativas/os capaces de acoger la hermosa tradición que recibimos y recrearla para cada cultura, país y grupo humano que nos acoge.

Sueño con hermanas/os entregadas/os a la misión, felices hasta el final de sus días, seguras/os de que “la obra es de Dios”, confiando en que el Espíritu nos acompaña todos los días, y en que no somos pocas (ni pocos), que somos los que debemos ser en este tiempo y para este tiempo.

Sueño con que nuestra Espiritualidad Sagrados Corazones se propague en muchas laicas y laicos, que descubren en ella una manera de vivir su vida familiar, su fe y su seguimiento de Jesús.

Sueño que vivimos con la esperanza puesta en que con nuestras debilidades y fragilidades -y con las riquezas que tenemos-, estamos en condiciones de vivir lo que el Señor espera de nosotras/os, y lo que Él necesita para que el Reino que está construyendo se haga más próximo.

06/09/2020