
Las dos comunidades de los Sagrados Corazones en Roma se reunieron en la Casa General de Via Rivarone para celebrar juntos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el 12 de junio de 2026. La jornada incluyó la celebración de la Eucaristía y una comida fraterna. En esta ocasión se sumó también a la comunidad el P. Miguel Ángel Dionisio, sacerdote de Toledo y profesor e historiador especialista en la figura del P. Mateo Crawley-Boevey, ss.cc.
La homilía estuvo a cargo del Superior General, Alberto Toutin sscc, quien ofreció una reflexión centrada en el "pathos" de Dios, es decir, en la pasión y los criterios que orientan el amor divino hacia su Pueblo.

A partir del texto del Deuteronomio (7,6-11), Alberto subrayó que Dios no elige a su pueblo por su grandeza o su número, sino únicamente por amor y fidelidad a su promesa. Ese amor divino es creativo y atento: sabe discernir los gestos de consuelo, corrección o liberación que cada momento exige. Así va formando el corazón del Pueblo, imprimiendo en él los mismos sentimientos que habitan el corazón de Dios —gratitud, alabanza, súplica— como los que brotan del Salmo responsorial o del grito de quienes, en estos días, claman desde la cárcel o desde el drama de la migración y la explotación.
Desde la Primera Carta de Juan, el Superior General destacó otra dimensión del amor de Dios: su carácter de iniciativa gratuita. Dios "nos primerea", como recordaba el papa Francisco. Y quiere que ese amor se convierta en una posada hospitalaria. La puerta de entrada es la respuesta a esa iniciativa: amarnos unos a otros, a la distancia corta del que está al lado, al alcance de la mirada atenta y de la mano tendida. Es ese amor concreto el que ensancha el corazón y dispone la morada donde Dios viene y permanece.
El Evangelio de Mateo (11,25-30) abrió paso a la tercera dimensión de la homilía: el corazón de Jesús, Señor y Maestro. Jesús contempla con gratitud cómo el Padre se complace en revelarse a los pequeños e insignificantes. Son ellos quienes nos muestran a Dios en acción. Y ese amor contemplado no se queda en sentimientos: se traduce en gestos que hacen que el otro sea. El primero de esos gestos, para quien se acerca al corazón manso y humilde de Jesús, es aliviar el peso que agobia la vida de tantos hombres y mujeres. No como imposición, sino como invitación delicada y oportuna: "Venid a mí". Una acción concreta de alivio y reposo, el camino del buen samaritano, manso, humilde y amante.
Alberto concluyó invitando a la comunidad a acercarse al corazón de Dios amando a su Pueblo; a aprender del corazón de Jesús caminando con él, tomando su yugo en la adoración, en la atención al hermano y a la hermana, y en el ejercicio concreto del amor diario. Todo ello como la mejor profesión de fe y profesión religiosa al amor de los Corazones de Jesús y de María, a cuyo servicio los SSCC quieren vivir y morir.

12/06/2026