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Entrevista a a Osvaldo Aparicio Giménez sscc, de la Provincia Ibérica

 

“Hilarión pone muy de relieve
la relación entre los Fundadores”


¿Cómo llegaste, Osvaldo, a la Vida del Buen Padre de Hilarión Lucas?

El interesarme en la Vida del Buen Padre escrita por el P. Hilarión se lo debo y agradezco a Joaquín Garre quien tuvo la idea de publicar online una traducción en español que encontró y cuyo autor se desconoce. Encargó a varios la transcripción para poder subirla a internet. A mí me encargó dos de los siete libros de que se compone. Como dicha traducción no me satisfizo, decidí hacer una nueva. Me puse en contacto con Éric Hernout quien puntualmente me proporcionó varias transcripciones del original francés e, incluso, el original francés escaneado.

A Joaquín y a Éric se lo agradezco, así como a Nacho Moreno por sus ánimos.

¿Qué te ha aportado a ti este trabajo de traducción del original francés?

Debo confesar primeramente que la traducción me resultó ardua y difícil, no tanto por ser un texto del s. XIX, cuanto porque la biografía está repleta de citas y más citas de las cartas del Buen Padre y de la Buena Madre; citas que están redactadas generalmente, sobre todo las de la primera época, en un lenguaje muy familiar y coloquial con gran número de modismos y localismos. Algo que estoy comprobando ahora también en mi intento de traducir la Correspondencia del Buen Padre.

Sobre lo que me ha aportado personalmente quiero señalar que he descubierto algo que normalmente no aparece con la misma intensidad en otras biografías de nuestro Fundador. Podría decirse que el escrito del P. Hilarión más que una biografía es una crónica de lo que él fue testigo desde que muy joven conoció al P. Coudrin y que iba anotando en su diario. Además, utiliza con gran profusión las cartas del Buen Padre, citándolas casi siempre de forma literal. Por eso, junto con los hechos que narra, va dejando traslucir la gran personalidad y el muy rico interior de nuestro Fundador.

A medida que vas leyendo, el relato de Hilarión te va situando, sin que él expresamente se lo proponga, en las circunstancias históricas tan cambiantes de la época y de la vida de nuestro Fundador.

Por otra parte, es muy posible que, -hablo en general-, muchos de nosotros únicamente conozcamos a grandes rasgos la vida de nuestro Fundador y aquello que se suele resaltar: que fue un sacerdote “refractario”, que por ello tuvo que refugiarse en el granero de la Motte d’Usseau donde tuvo la Visión; son sabidas sus andanzas (¡Andatierra!) y su heroico apostolado en Poitiers durante la Revolución Francesa; conocemos su ultramontanismo y antigalicanismo… y, claro está, sus votos junto con la Buena Madre en la Nochebuena de 1800.

Pero quizás ignoramos los demás periodos de su vida como, por ejemplo, su incansable apostolado siendo Vicario General de las Diócesis de Mende, Troyes y Rouen. Merece la pena conocer sus orígenes e infancia, su juventud y estudios en Poitiers, las personas que influyeron en su educación y vocación, las vicisitudes y desarrollo de la “Obra de Dios” como a él le gustaba llamar a su Instituto.

Pero, por encima de todo ello, el P. Hilarión nos va contagiando la admiración, devoción y afecto que él sentía hacia el P. Coudrin. Y esto, creo, es en verdad importante.

Personalmente, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención de la Vida del Buen Padre y qué rasgos destacarías?

En parte ya he contestado en la pregunta anterior; pero, quiero concretar algo más:

  • Resulta edificante el profundo y entrañable amor que profesa a su familia a la que se siente siempre muy cercano. A destacar que, siendo joven estudiante en Poitiers, se vuelca con sus padres que atravesaban momentos muy difíciles al haber perdido un pleito.

  • La lectura sobrenatural que siempre hace de los acontecimientos prósperos o adversos y su inconmovible confianza en la Providencia.

  • Su espíritu de sacrificio y capacidad de renuncia para llegar al ideal que se había propuesto. Cuenta Hilarión que el joven Coudrin amaba la música con pasión, pero que, antes de su ordenación sacerdotal, fue capaz de deshacerse de una flauta que tanto le gustaba tocar y que, más tarde, cuando oía un instrumento de música se le encogía el corazón. Capacidad de renuncia que se hace patente a lo largo de toda su vida llena de gran austeridad.

  • Su amor familiar se hace extensivo a la familia que, junto a Enriqueta Aymer, ha creado. Sus cartas rezuman afecto y preocupación por cada uno de los miembros de la comunidad, y nos muestran la sensibilidad y ternura de su corazón de padre.

  • Hilarión pone muy de relieve la relación entre los Fundadores. Deja claro el gran afecto, admiración y respeto que se profesaban mutuamente, así como la profunda confianza que existía entre ellos. Es sabido que la Madre Enriqueta con frecuencia se refiere al P. Coudrin llamándole el “Incomparable”. Y el Buen Padre, a la muerte de la Buena Madre, respondería a una religiosa que le preguntaba por el motivo de su tristeza: “No todo el mundo tenía por qué saber lo preciosa que esta Buena Madre era a los ojos de Dios. Su habitación debe ser considerada como un santuario”.

Confieso que, para conocer más profundamente esta relación entre nuestros Funda dores, me hubiera gustado traducir también La Vie de la Bonne Mère, obra igualmente del P. Hilarión. Agradezco a Jeanne Cadiou el que me enviara los dos tomos en que está dactilografiada dicha vida; pero, cuando me disponía a comenzar, Milagros Arbáizar me advirtió que las hermanas ya estaban en ello.

¿Cuál es la actualidad de esta Vida del Buen Padre para la congregación y cómo puede ayudar a los miembros de la congregación de las distintas latitudes o a la formación inicial?

Lógicamente todo lenguaje es hijo de su tiempo y hay que tenerlo en cuenta. Eso sucede incluso con la Escritura. Es una sencilla advertencia a la hora de leer y reflexionar sobre los apartados de consejos y orientaciones de nuestro Fundador que al final de su obra nos propone el P. Hilarión. Consejos que extrae de las cartas de Buen Padre y que son válidos para todos nosotros vivamos en la latitud que vivamos, estemos en la formación inicial o en la formación permanente, desempeñemos la misión que desempeñemos.

Así el P. Hilarión nos va proponiendo: recomendaciones a los superiores; exhortaciones a la caridad y al amor fraterno; llamadas a la paz comunitaria, a la humildad y a la sencillez, al espíritu de pobreza y a la obediencia; atención a la enseñanza de jóvenes y niños sobre todo pobres; el amor a la cruz…

A propósito del amor a la Cruz, no sé si recordando o parafraseando a santo Tomás de Aquino, el Buen Padre aconseja a los aspirantes al sacerdocio (y, por extensión, digamos que a todos) que conjuguen el estudio de la teología con la contemplación de la cruz: “Estudie más y, sobre todo, el crucifijo con la teología”.

 

El P. Hilarión Lucas y el Buen Padre

 
 

 

06/04/2021

  • 1. juanita Gómez Loayza,sscc ha scritto il 06/04/2021 alle 16:31:

    Muy querido Osvaldo, después de leer los comentarios que haces en la entrevista, confirmo lo que dices, acabo de terminar un encillo PPT de la biografia del B.P. para laicos a partir de la traducción que has hecho y he encontrado muchos hechos, acontecimiento, la vida más humana, espiritual y cotidiana del B.P que no aparecen en otras traducción. Lo cual te lo agradezco y te animo a traducir lo de la Buena Madre, no importan que una hermana ya lo esté haciendo, pero cada uno tiene su enfoque e interpretación  que pueden complementarse. Sobre todo, hace mucho que esté hecho en un lenguaje  sencillo al alcance de todos.
    Un gran abrazo.
    Juanita, ss.cc.