"En Jesús encontramos todo"

CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
de JESÚS y de MARÍA
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Entrevista a Guillermo Rosas sscc de la Provincia de Chile

"En la Iglesia todos tenemos cabida"

 

 

Desde hace varios años, participas en la pastoral de la diversidad. ¿Qué te aporta y qué piensas que aportas?

La participación en la Pastoral de la Diversidad Sexual (Padis-Chile) ha sido para mí, desde mayo de 2014, una clara experiencia de inmersión en una “periferia existencial”, como las llama el Papa Francisco.

Acompañar a personas creyentes, que por su orientación sexual han sufrido la incomprensión, la discriminación, el rechazo y a menudo la violencia en sus propias familias, en sus comunidades de Iglesia y en la sociedad, me ha hecho tocar de cerca el dolor, pero también la fuerza de la fe y la esperanza de los hermanos y hermanas que se acercan a la comunidad. La Padis me ha confirmado en la certeza de que nuestra fe salva (a más de alguno le ha salvado, literalmente, la vida), y que la Iglesia debe acoger a todos los seres humanos que se acercan a ella. Al mismo tiempo, creo que mientras existan “Padis” para las personas de la diversidad sexual, mientras ellas no estén normalmente integradas en todas las comunidades de Iglesia, habrá aún camino por recorrer para llegar ser la comunidad que Jesús soñó. Desde que llegué a la Padis, hace ya ocho años, invitado por un amigo homosexual, sentí una profunda alegría por poder acompañar a esas hermanas y hermanos. Lo que la Padis me ha aportado es la alegría y la certeza de estar en un lugar donde Jesús estaría, si viniera hoy a nuestro mundo. Mi aporte es, de verdad, muy modesto. Fuera de la celebración de la eucaristía al final de cada encuentro y, ocasionalmente, el sacramento de la reconciliación, mi servicio es estar, acompañar, escuchar, conversar, a veces consolar, y participar en todo como un miembro más. Trato de ser padre y amigo: primero amigo y después, padre. Es una pastoral de presencia y amistad. Participar con la Padis en la multitudinaria manifestación anual del orgullo gay ha sido una de las grandes experiencias de solidaridad en mi vida.

¿Crees que nuestro carisma puede entrar en diálogo con esta realidad pastoral?

Sí. Nuestro carisma es el de dos Corazones abiertos a toda la humanidad, especialmente a la humanidad herida. Si hay algo contrario a nuestro espíritu de familia es, a mi juicio, la exclusión de cualquier ser humano. La irrupción del mundo de la diversidad sexual que experimentamos desde hace décadas en nuestras sociedades, no puede pasar desapercibido para quienes queremos vivir atentos a los signos de los tiempos. Creo que es un auténtico clamor del Espíritu que conmueve al Corazón de Cristo que sufre en toda hermana o hermano excluido.

Por otra parte, el juicio moral a las y los homosexuales, si bien condena sólo los “actos homosexuales” y no a los/as homosexuales, de hecho, es experimentado por ellos/as como una injusta condena a la persona entera, ya que, como todos los seres humanos, experimentan el amor de pareja como un derecho, un regalo y una alegría que incluye la expresión corporal.

En la doctrina moral la importancia del amor queda reducida prácticamente a la nada y es forzado a una inhumana disociación de su dimensión corporal. El amor –en todas sus manifestaciones– es, en cambio, central en la fe cristiana y en nuestro carisma. Como congregación que cree en el amor, me parece consecuente solidarizarnos con quienes, en la gran mayoría de los casos, no logran aceptar que, por tener una orientación distinta de la heterosexual, deban ser célibes para no vivir en situación permanente de pecado. Algo hay que reparar cuando hemos condenado el amor sólo por no adecuarse a una determinada visión de la Biblia y de la moral tradicional. Y reparar lo que hiere el Corazón de Cristo está también en el centro de nuestro carisma. Desde aquella reparación que es conversión personal permanente, hasta el esfuerzo por restaurar todo lo que dañe, hiera o mate a los rostros de Cristo de cada época.

Muchas personas LGTBI optan por abandonar la Iglesia. ¿Para qué seguir donde no les quieren? ¿Por qué aguantar silencios incómodos?

Me ha tocado saber, con dolor, de muchas personas del mundo LGBTI+ que han abandonado la Iglesia como respuesta a estas preguntas. Pero lo más doloroso para mí fue cuando, el año pasado, una persona cercana y apreciada decidió hacerlo, colmada ya, cuando se dio a la luz pública la respuesta negativa de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre las bendiciones a parejas homosexuales. Me sentí avergonzado, como pocas veces, de nuestra Iglesia. Experimenté que incluso la existencia de comunidades católicas como la Padis, no tienen sentido, si la Iglesia entera no avanza en la inclusión y no cuestiona radicalmente sus posturas tradicionales, tanto dogmáticas como pastorales, respecto a la diversidad sexual. El Papa Francisco nos recuerda a menudo que en la Iglesia todos tenemos cabida, que ella no es una comunidad de perfectos, sino de personas en camino de santidad. La exclusión de personas de la Iglesia siempre es leída como la condena que un grupo de perfectos hace a los que considera imperfectos. ¿Y no está acaso eso muy lejos del espíritu de Jesús y del Evangelio?

Sin embargo, hay otras muchas que no quieren irse. ¿Por qué dejar una casa que sienten tan suya como de otros?

Tengo una gran admiración por las personas de la diversidad sexual que se quedan en la Iglesia a pesar de todo. Admiro en ellas y ellos su fe profunda en Jesucristo y la gratitud que experimentan cuando saben que en la Iglesia sí hay espacios inclusivos en los que pueden vivir y celebrar esa fe sin ser juzgados ni considerados pecadores, sino hermanas y hermanos como todos los demás. Para los que han abandonado la Iglesia mi única palabra es de esperanza: creo que somos muchos los que nos esforzamos conscientemente en caminar, paso a paso, hacia una Iglesia más cercana al Evangelio de Jesús. Tal vez demasiado lentamente, pero con convicción. Los miembros de la Padis me confirman día a día en esta esperanza: verlos contentos porque pueden vivir y celebrar su fe sin juicios ni condenas es experimentar el “ya” del Reinado de Dios, por mucho peso y realidad que tenga el “todavía no”.

¿Dios creó el arcoíris?

¡Qué duda cabe…! Y lo creó no sólo de siete, sino de siete mil colores. No hay mejor ícono para evocar la vida, la diversidad, la alegría, la unión del cielo con la tierra, que el arcoíris. Mientras sigamos pensando en la diversidad sexual como una falla o un trágico error de la naturaleza, seguiremos viendo la humanidad en blanco y negro. Cuando se cae en la cuenta de que cada ser humano es único y que no se le pueden aplicar estereotipos o categorías abstractas para considerarlo normal o anormal, bueno o malo, a uno se le abre no sólo el mundo, sino también la imagen del Dios de Jesucristo. Dios podrá ser simplicidad infinita, pero se revela y manifiesta en la infinita diversidad de todo lo creado. Dios también es de infinitos colores.

El papa Francisco manifestó, en una de sus primeras declaraciones a los medios a la vuelta de una Jornada Mundial de la Juventud, que, respecto a la realidad de las personas homosexuales, “¿quién soy yo para juzgar?”. ¿Qué quería decir con ello?

Es una frase que los creyentes de la diversidad sexual han atesorado como la primera vez que un Papa se refiere tan explícitamente a su orientación sin condenarla desde la doctrina, sino recogiendo esa actitud contemporánea de respeto y comprensión que gana cada día más terreno en la humanidad. Porque Francisco suspende con estas palabras el juicio moral tradicional a favor de una mirada más humana, más personal y más misericordiosa de las personas homosexuales. Invita a no juzgar, sino a acoger. Abre la puerta al abrazo y relativiza el juicio. En cierto sentido invita a no vivir explicitando la sexualidad, como si eso fuera tan determinante para relacionarnos con el prójimo; antes que tener esta o aquella orientación sexual, los seres humanos somos personas. En ello se funda nuestra dignidad, en ello radica nuestro derecho a amar y ser amados.

Para Francisco esa fue una pequeña frase, pero para la Iglesia fue un tremendo paso en humanidad. Así lo experimenta la gente del arcoíris.

 

 

05/06/2022

  • 1. Sandra ha scritto il 05/06/2022 alle 13:58:

      Excelente entrevista y que bueno sería compartir con los adolescentes que viven esa disyuntiva y como lo plantea el Hermano  Guillermo y citas del Papa realmente muy bueno,me servirá para comentarlo con los pequeños y grandes chiquillos Se agradece.