"En Jesús encontramos todo"

CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
de JESÚS y de MARÍA
Gobiernos Generales de Hermanos y Hermanas, Roma

ESPAÑOL | ENGLISH | FRANÇAIS

Home / Noticias / Consagración a los SSCC: camino de fe y misión

Consagración a los SSCC: camino de fe y misión

En el marco del Coloquio de Paray-le-Monial, el P. Bernard Couronne ss.cc. ofreció una reflexión densa y luminosa sobre “La Consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María según el P. Marie-Joseph Coudrin, fundador de la Congregación de los Sagrados Corazones”. Su intervención, que tuvo lugar el sábado 15 de noviembre, recorrió los fundamentos bíblicos, espirituales e históricos de la consagración como corazón del carisma SSCC destacando su actualidad para la Iglesia y el mundo de hoy.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado...” (Lc 4,18). Con estas palabras de Jesús en la sinagoga de Nazaret, el P. Couronne abrió su intervención, recordando que toda consagración nace de una llamada: una respuesta al amor de Dios que nos envía a anunciar la Buena Nueva a los pobres. En este horizonte situó la experiencia fundante del P. Marie-Joseph Coudrin, “el maquis de Dios”, cuyo encuentro con el Amor en el silencio del granero de La Motte d’Usseau se convirtió en la raíz de una vida totalmente ofrecida al servicio del Evangelio.

Una consagración nacida del amor y llevada hasta el sacrificio

El P. Couronne evocó con fuerza la noche en que el joven sacerdote Coudrin, tras meses de clandestinidad durante la Revolución Francesa, salió de su refugio y se postró a los pies de un roble para consagrarse “hasta la muerte”. Aquella entrega, señaló, “no fue una decisión estratégica, sino un acto de fe total, de confianza absoluta en el Dios que llama y sostiene”.

Su vida, añadió, se convertiría en testimonio de una consagración radical: “No a medias, sino hasta el martirio si fuera necesario”. Esa fidelidad “hasta el extremo” (Jn 13,1) marcó para siempre el espíritu misionero de la Congregación: servir, amar y dar la vida por la salvación del mundo.

Pocos años más tarde, el 24 de diciembre de 1800, junto a Henriette Aymer de la Chevalerie, el P. Coudrin pronunció sus votos de pobreza, castidad y obediencia “como celador del Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y María, a cuyo servicio quiero vivir y morir”. Palabras que, como recordó el P. Couronne, “siguen resonando hoy en los labios de cada hermano y hermana SSCC, cuando renuevan su consagración”.

Fe, reparación y amor: tres rostros de una misma entrega

La consagración, explicó el P. Couronne, tiene su raíz en la fe: es una confesión de amor a un Dios que tiene Corazón. “El Padre Coudrin creyó en un Dios que ama a pesar del pecado, que no se cansa de perdonar. En su Corazón herido, Jesús nos muestra un amor que sufre y salva; en el Corazón de María, un amor que acompaña y consuela”.

Pero esta fe, subrayó, se hace también reparación. En tiempos de descristianización, el Fundador veía en la consagración una respuesta reparadora ante el olvido de Dios: “Estamos destinados a adorar el Corazón de Jesús y a reparar las ofensas que recibe cada día”. La reparación, explicó el P. Couronne, “no es una actitud de culpa, sino una invitación a reconciliar, a restablecer los lazos rotos por el pecado, uniéndose a la cruz de Cristo como hijos e hijas de la Cruz”.

Finalmente, la consagración es amor: un acto de amistad y de comunión. “Responder al amor del Padre manifestado en los Corazones de Jesús y de María es entrar en el diálogo de Dios con la humanidad”, dijo. “No nace de una idea, sino de un encuentro de corazón a corazón”.

El amor, en esta espiritualidad, no se queda en el sentimiento: se traduce en celo apostólico, en ardor misionero. “Quien se deja impregnar por la ternura del Corazón de Jesús no puede permanecer pasivo”, afirmó. “Como María, servidora del designio de amor, la consagración nos hace colaboradores del Reino”.

Una misión que se vive cada día

El P. Couronne subrayó que la consagración no es solo un gesto interior, sino un camino concreto de seguimiento. “Debe vivirse día a día, en la oración, en el servicio, en la entrega silenciosa”. Para el Fundador, recordó, los votos religiosos son la forma visible de esa consagración: el modo cotidiano de pertenecer a Cristo. “Ser libres para amar, ese es el objetivo de los votos”, citó.

En este sentido, la consagración se convierte en una misión permanente: adorar, alabar, dar gracias, reparar, servir. “El celo —dijo citando a Coudrin— es nuestra vocación; un celo ardiente, que nace del Corazón de Jesús y se traduce en acción”.

“Esta consagración —afirmó con convicción— no es un gesto piadoso, sino una misión. La zarza ardiente sigue ardiendo: somos llamados a entrar con Jesús y como María en el designio del Padre, que es salvar al mundo por el amor.”

Una herencia viva

El P. Couronne concluyó su exposición recordando que la consagración a los Sagrados Corazones sigue siendo hoy el fundamento de la vida y misión SSCC. Citó el primer número de las Constituciones de la Congregación:

“Vivimos la consagración inherente a toda profesión religiosa como consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y María... De esta consagración deriva nuestra misión: contemplar, vivir y anunciar al mundo el amor de Dios encarnado en Jesús”.

“La obra está en marcha”, dijo al final. “El jardín del Amado del Cantar de los Cantares sigue abierto para quien se deje guiar por el Espíritu. Dejemos que hable a nuestro corazón”.

Con estas palabras, el P. Bernard Couronne invitó a todos los presentes a renovar su deseo de “encender el corazón en amor por Cristo”, haciendo suya la plegaria que cerró su intervención:

“Corazón de Jesús, ardiente de amor por nosotros,
enciende nuestro corazón de amor por ti.”

15/11/2025