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CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
de JESÚS y de MARÍA
Gobiernos Generales de Hermanos y Hermanas, Roma

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Palabras clave de nuestro carisma: Corazón

En el contexto de la pandemia del Covid-19 y en el mes de los Corazones de Jesús y de María, hemos querido acercarnos a cinco palabras clave de nuestro carisma (corazón, adoración, reparación, internacionalidad y espíritu de familia), de la mano de cinco hermanos, de diversas latitudes de la Congregación.

Corazón: “Latimos juntos el dolor”

Estoy escribiendo esto en el tiempo en que nos preparamos para celebrar la ascensión de Jesús y creo que esta fiesta nos motiva muy espontáneamente a entrar en contacto con esta palabra que es tan fundamental para nuestra espiritualidad: en nuestro Dios late un corazón, un corazón que es humano. Es un corazón apasionado, que ha experimentado las alegrías y el dolor, el cansancio y el hambre, el desconcierto y el miedo, que ha sufrido con la pérdida de seres queridos, y que se ha conmovido hasta las lágrimas más de una vez. Un corazón frente al cual, nuestro propio corazón no puede dudar de sentirse en honda sintonía y absolutamente acogido. 

Esta certeza puede ser fuente de luz para vivir nuestro ensombrecido presente. Este ha sido un tiempo que nos ha empujado a encontrarnos muchas veces a solas, sin más compañía que nuestro alicaído corazón. Pero ha sido también, y está siendo, un tiempo particularmente oportuno para volver a recordar que nuestro corazón nunca late solo. Ha sido en esta hora, en la cual hemos latido tanto dolor, en la que también nos hemos sentido acompasados a tantos corazones y a ese corazón humano de Dios que sufre cada uno de nuestros dolores. Latimos juntos el dolor, como un solo corazón.

Pero no solo latimos en el dolor, más profundamente latimos en el amor. Hoy más que nunca podemos tomar conciencia que nuestro corazón ha sido hecho para amar y, por eso mismo, en medio de la frustración buscamos maneras creativas de cercanía que nunca terminan de reemplazar la sencillez y la calidez de un abrazo, donde los corazones de quienes se quieren se encuentran en una proximidad incomparable y que es expresión, como pocos gestos, de la alegría por estar cerca.  

En el anhelo de esta búsqueda podemos reconocer agradecidos “realmente ya no tengo un corazón de piedra, Tú me has dado un corazón de carne”, un corazón que busca incansablemente el encuentro y la acogida mutua. También podemos volver a intuir lo propio de nuestra espiritualidad, creemos en un Dios con corazón, deseamos ser personas de corazones abiertos, acogedores. 

En ocasiones, en que nos parece que queda poco por hacer más que esperar, podemos decir que todavía tenemos un corazón que ama. Es verdad que esta convicción nos está llevando a encontrar maneras nuevas para estar cerca de las personas que acompañamos y servir a quienes más están sufriendo, pero también puede llevarnos a reencontrarnos con el gusto de ser comunidades de corazón. Es junto a estos hermanos con quienes primeramente vivo este trance, es en este hogar en el cual estoy llamado a dar cauce a este corazón que ama. Que en medio de este camino, ya podamos decirnos mutuamente, “¿acaso no nos arde el corazón porque Él camina a nuestro lado?”. Que en esta hora oscura nuestro corazón de carne siga ardiendo, de amor por Él y por su pueblo. 

 

Óscar Casanova sscc (Chile)

03/06/2020