
En la noche de la Nochebuena las comunidades de hermanos y hermanas de Roma se han reunido en casa de los hermanos. Primero, han celebrado la eucaristía, presidida por el Superior General, Alberto Toutin que, en su homilía, subrayó que cuando Dios se ofrece como esperanza se manifiesta siguiendo los ritmos de la paciente espera como un niño que nace. Lo que Dios quiere hacer de este niño que es promesa: “Dios fuerte”, “Príncipe de la paz” o “una gran alegría para todo el pueblo”, lo confía en nuestras manos para que cooperemos en la realización de esta promesa.
La congregación – “la obra de Dios” (L’œuvre de Dieu) como la llamaban nuestros fundadores- es acción de Dios y acción nuestra. Para que Dios prosiga su obra. Él nos pide acogida en nuestras vida y disponibilidad para dejarnos transformar por él.

De nuestros fundadores recibimos además dos invitaciones:
De la Buena madre a cultiva entre nosotros el “diálogo espiritual”, es decir ayudarnos a reconocer le paso de Dios por nuestras vidas. Sólo corremos el riesgo de equivocarnos, peros si permitimos que mi hermano y mi hermana me ayuda, entonces allí más visiblemente El señor estará en medio de nosotros.
Del Buen Padre una esperanza fuerte para atravesar los tiempos inciertos o difíciles, con la confianza en Dios que nos tiene ya por su mano y que “nos dará el vestido que necesitamos según el frío” a que estemos expuestos.
En este clima de noche de la gran esperanza y del nacimiento hemos renovado nuestra profesión religiosa. Tras la eucaristía, foto de familia y cena que ha culminado con villancicos en varias lenguas. También han compartido con nosotros esta noche, Metuchela y Bob, dos jóvenes inmigrantes que viven desde octubre en la casa de los hermanos. Ellos nos recuerdan la primera lección del pesebre: la acogida.
25/12/2019